02. Óbito y transfiguración de la Alta Costura

Publicado en la revista del Museo del Traje, Indumenta, número 1.

RESUMEN / No ha muerto la Alta Costura en contra de la previsión de Yves Saint-Laurent. Después de dos décadas de agonía, palpita todavía conectada a tubos de oxigenación para que continúe liderando la publicidad del mercado del lujo. No es, desde luego, el estado que le desearíamos la gente de la moda, seamos modistas o escritores, ni aprobamos esa deriva postmoderna de la última Alta Costura que en vez de ensalzar la profesión del costurero la enloda progresivamente. Este artículo recoge números, declaraciones y reflexiones de los protagonistas de la costura parisina, suficientes para certificar la debacle del último arte aristocrático de la Historia. Trataremos de demostrar que su esencia aristocrática se convirtió en patógeno de su fatalidad (la democracia abomina de los símbolos de ostentación y la Alta Costura es el más conspicuo) y también que la Alta Costura firmó su sentencia el día que se disoció de la Alta Cultura.

1. Costura más que alta, altiva
En la jerga del vestir, costura y confección no son lo mismo. Reservamos el término confección para referirnos a la confección industrial y costura para aludir a la confección predominantemente manual. En suma, la costura es una artesanía y la confección una industria. Este artículo no versa sobre el oficio de la costura, necesario, eterno y universal, sino sobre esa institución parisina que un día de juventud se miró al espejo y se dijo: “soy alta”. Y como es posible que este artículo interese a una persona ajena al gremio, comenzaré por explicar qué significa alta en una costura.

a. Alta significa cara. Si nos atenemos a la semántica, la costura no puede ser alta como no puede ser gorda. El epíteto “alta” se adjunta con sentido metafórico, y yo creo que lo hace para soslayar su cruento significado: alta significa cara. Pero no decimos la Cara Costura porque suena a negocio... Más difícil es saber cuándo la costura es lo bastante onerosa para ser considerada alta. La pregunta es pertinente, pero las casas de costura enmudecen avergonzadas cuando se la formulan. En 1970 se barajaba la cifra mínima de 10.000 euros para una prenda de vestir desornamentada[1]; según el economista Bernard Girard, en el siglo XXI esa cifra puede haberse multiplicado por cuatro o por cinco[2]. No obstante, los precios no están regulados por la Cámara Sindical de la Alta Costura. Didier Grumbach, presidente de la Federación Francesa de la Costura y la Confección, afirmaba en 2004 que la Alta Costura se había vuelto más asequible que nunca porque ahora los vestidos ya no se recargan necesariamente de plumas, pedrerías y bordados; y añadía que Dominique Sirop, una “alta-costurera”, restringía los precios para equipararlos a los de la confección de alto nivel[3]. Para que se hagan una idea, una chaqueta de confección de Chanel no suele superar los 4.000 euros.

b. Alta significa oficial. En Francia, el marchamo Haute Couture lo otorga el Ministerio de Economía, Finanzas e Industria a través de la Cámara Sindical de la Alta Costura; la Cámara es la institución encargada de estudiar y evaluar tu empresa y certificar al Ministerio que cumple con la normativa prescrita. Así, en Francia, la costura es alta cuando la Cámara así la reconoce, de modo que el adjetivo alta significa también oficial.
Pero, ¿y a quién le importa lo que diga una cámara sindical francesa? ¿Saben, por ejemplo, a quién le importaba un bledo? A Balenciaga. Fue invitado reiteradamente a integrarse en la secta de los altos costureros. ¿Cómo no? Balenciaga era el diseñador más prestigioso, el más admirado, el bodisatva de la elegancia y el profesor de Courrèges, Ungaro y Givenchy, todos ellos diseñadores reputados; además producía los trajes más caros y exclusivos de París. Pensaría don Cristóbal que el marchamo Haute Couture debía ser para quienes necesitaran reconocimiento, que a él le sobraba.

c. Alta significa artística. Para explicarlo debemos hacer un poco de historia. La de la moda conviene en señalar a Charles Frederick Worth (1825-1895) como fundador de la Alta Costura, aquel que sublimó la artesanía en arte e ideó las pasarelas como sistema de exhibición. Vayamos por partes:

c1. En el siglo XIX la forma de los vestidos surgía a partes iguales del diálogo con la modista, los figurines de la prensa femenina y las ideas y aspiraciones de las clientas. Por el contrario, Worth consiguió labrarse un nombre como artista precisamente porque actuaba siguiendo su propia imaginación, su propio criterio, e ideaba sus colecciones de vestidos antes de que fueran encargados. Es decir, Worth fue el primer modista que logró trabajar como un artista contemporáneo, y esto supone la creación de prototipos antes de que se efectúe encargo alguno. Recordemos que desde Miguel Ángel hasta Tiépolo, los artistas pintaban fundamentalmente encargos; sólo en el siglo XIX se abren salones de pintura donde exhibir propuestas nacidas de sus querencias e inquietudes creativas, o de su olfato para colegir qué se va a vender. Este papel del artista contemporáneo se lo arroga, entre los costureros y por vez primera, Worth.

c2. ¿Decíamos salones? Siguiendo el ejemplo de los pintores, Worth ingenió un salón para exhibir sus creaciones. Como la ropa luce pobremente colgada de perchas, inventó los desfiles de maniquís, desde entonces el escaparate de la moda por antonomasia.
Extraigamos conclusiones. Si diseñas antes de vender, si te obligas a dar en la diana antes de disparar, será preciso que configures un estilo reconocible que respalde tus novedades y un prestigio que las haga deseables. Con Worth el costurero artesano se convirtió en costurero artístico y con él la moda fue sublimada en arte. Desde entonces también podemos decir que la costura es alta cuando, idealmente, se sublima dotándola de “artisticidad” por medio de un diseñador que es promocionado como genio artístico. También fueron Worth y sus herederos quienes en 1878 fundaron la Cámara Sindical de la Confección y la Costura para Señoras y Señoritas con el propósito inicial de perseguir el espionaje y las copias.

c. Alta significaba parisina. Hasta 2001 la normativa de la Cámara regulaba también que las casas se ubicaran en París a fin de recordar el origen geográfico del fenómeno. Ni siquiera se podía conceder el marchamo Haute Couture a una casa de Marsella o Biarritz.


2. Moribundia de la Alta Costura Corría el año 1968 cuando Yves Saint-Laurent anunciaba dramáticamente la muerte de la Alta Costura. Balenciaga, mentor espiritual del brillante artesanado, cierra su casa en 1969. Desde entonces, se han multiplicado los indicios de fatalidad que se ciernen sobre la gran dama de la moda.

a. Esquelas. El sociólogo Gilles Lipovetsky considera a la Alta Costura finiquitada al denominarla “moda centenaria”, pues su imperio se circunscribe a una centuria entre los años 1870 y 1970[4]; después de esta fecha, en efecto, los diseñadores de la confección son más populares e imitados que los de la costura. Didier Grumbach está de acuerdo y señala al responsable: “A mediados de los años 60, la confección industrial (prêt-à-porter) se vuelve decididamente creativa y comienza a desplazar a la alta costura”[5]. Jean-Paul Gaultier declaraba en julio de 2004: “Desde el punto de vista económico la Alta Costura es un desastre. Me encanta participar en su caída, porque, ¿a qué engañarse?, es el fin”[6].

b. Números. A comienzos del siglo XX París contaba con 106 casas Haute Couture, entre ellas, todas las que forjaron su leyenda: los caballeros Worth, Doucet, Patou y Poiret, y las damas Paquín, Lanvín, Lucile, Vionnet, Schiaparelli y Chanel. Terminada la Segunda Guerra Mundial, el número de casas se redujo a 60, pero no podemos hablar de crisis de la Alta Costura sino de Edad de Oro, porque ese medio centenar largo de empresas reportarán al Estado francés una riqueza comparable a la de la industria automovilística. Dior, de nuevo Chanel y Balenciaga (aunque no sindicado) lideraban el sector. La anemia, como hemos indicado antes, data de 1970. En 1980 el sector se había reducido a 22 casas; en 1997 a 18; en 2002 a 12; en 2007 sobreviven 10: Adeline André, Chanel, Christian Dior, Jean-Paul Gaultier, Givenchy, Christian Lacroix (que cumple veinte años en 2007), Emanuel Ungaro, Dominique Sirop, Franck Sorbier y Jean-Louis Scherrer.

La reducción de clientes siempre es una cifra estimada porque las casas de costura se niegan a proporcionar datos. Denise Dulbois, de la Cámara Sindical de la Alta Costura, cifraba en 3.000 las clientas en los años setenta; el economista Bernard Girard las reduce en nuestros días a 250 o 300 mujeres[7].

c. Desinterés por el marchamo Haute Couture. La última normativa que lo regula, aprobada en octubre de 2001, es tan liberal que hoy podría haber cientos de casas presumiendo de poseerlo. Apenas insiste en que los productos deben confeccionarse a mano y a medida dentro de la propia empresa, pero ya no hay obligación de montar un par de desfiles al año (en la última semana de enero y en la última de julio), ni se exige un mínimo de 75 prendas por temporada ni se menciona a París como ubicación de la casa matriz. La página digital del Ministerio de Industria francés revela el propósito de tanta vaguedad normativa: que un mayor número de costureros pueda acceder al marchamo Haute Couture[8]. Medida absolutamente infructuosa, porque no ha detenido la reducción de solicitudes. Es decir, aunque se ofrecen todas las facilidades ¡nadie solicita el marchamo! Será que incluso a los costureros franceses les trae sin cuidado.

d. Invitaciones a diseñadores. Ante la amenaza de que un sector tan diminuto –sólo diez casas de costura ungidas con el marchamo– no excite el concurso de la prensa y la opinión pública, desde 1997 la Cámara ha adoptado la costumbre de invitar (¿deberíamos decir perseguir?) a diseñadores procedentes de la confección industrial a desfilar en la Semana de la Alta Costura. Falta les hace, pues en julio de 2007 sólo desfilaron 6 de esas 10 casas. (¿Motín a bordo?) Para evitar el sofoco se invitó a 17 teloneros: Adam Jones, Anne-Valérie Hash, Boudicca, Carven, Cathy Pill, Chistophe Josse, Eymeric François, Felipe Oliveira Baptista, Gustavo Lins, Lefranc-Ferrant, Marc Le Bihan, Maurizio Galante, Nicolas Le Cauchois, On aura tout vu, Richard René, Gérard Watelet y Udo Edling. ¿Les suena el nombre de alguno de ellos? Claro que no: son los presuntos nuevos talentos de la confección industrial de alta gama. En otras ediciones también actuaron como teloneros Armani y Valentino, pero no han querido repetir. En enero de 2008 desfilará el diseñador español Josep Font.

e. Persecuciones a celebrities. En el colmo de la desesperación por consolidar su liderazgo mediático, la Alta Costura ha aceptado como una humillación inevitable la lisonja a las celebrities. En La conspiración de la moda, divertidísimo mentidero del traje escrito por el periodista Nicholas Coleridge, leemos que las casas niegan esta práctica, pero acusan a sus competidoras de hacerlo[9]. Bueno, Dior reconoce abiertamente que posee un departamento de famosas a las que acosa y regala vestidos.

f. Carencia manifiesta de integridad estilística. La creación a medida no debe implicar necesariamente el servilismo que los aficionados a la moda hemos detectado en algunos desfiles de Alta Costura. La confirmación de esta manera de actuar, tan pragmática como innoble, que llega a sancionar lo hortera como adaptación a la clientela, la explica jocosamente el mismo Coleridge:

“Hay un juego que se puede practicar durante los desfiles de Ungaro. La prensa británica, menos reverente ante Ungaro que la de otros países, suele hacerlo. El objetivo consiste en adivinar, cada vez que aparece un modelo en la pasarela, a qué sección de su público va destinado. Los indicios son el botoneado y la fuerza de los colores. Una telaraña de perlas en el cuerpo incita murmullos de “Bahrein”, “Riyadh”; mientras que un estampado en verde lima y rosa indica “Fort Worth” o “Des Moines”[10].

No puede ser de otro modo cuando la mayoría de las clientas de la Alta Costura proceden de los Estados Unidos o son esposas de jeques árabes. Jean Louis Scherrer produce cada temporada alrededor de 300 piezas: el 50% las vende a Oriente Próximo y el 40% a mujeres norteamericanas[11].



3. La Alta Costura es perjudicial para el arte

La Haute Couture agoniza, aunque no lánguidamente. Agoniza como lo hacía la sociedad aristocrática antes de la Revolución francesa: convirtiendo cada una de sus exhibiciones en un carnaval... Y este ocaso, me pregunto, ¿qué sentimientos debe suscitar en mí, trovador de la moda? ¿Hemos de echarla de menos? ¿A quién beneficia? Y sobre todo, ¿beneficia al arte y al oficio de la ropa? He aquí mi valoración. La costura no perjudica a nadie, pero la Alta Costura, con mayúsculas, la sindicada en París, la oficial, la referencia popular de la verdadera alta costura, sí perjudica al arte de la apariencia y su profesión. Veamos la enumeración de sus delitos.

a. Estafas. Poiret lanzó el perfume Rosine y relacionó moda y perfumes. Los diseñadores se atribuyen falsa y tácitamente la creación de perfumes, cosméticos y otros productos que desconocen; una mentira que tiene que acabar pasando factura. Se está ensuciando el arte del vestido al prostituir los nombres comerciales. Yo, como hombre al servicio del traje, lo expreso indignado: ¿qué tendrán que ver las colonias con nosotros?

b. Chovinismo. Para Francia la Alta Costura recoge el componente más glamuroso de su identidad. Sydney Toledano, presidente de Christian Dior Couture, aporta esta razón: “Si se detiene la Alta Costura, perdemos nuestro valor añadido frente a nuestros competidores americanos e italianos”[12]. Efectivamente, hay costura en otros países, pero ellos carecen del prestigio que proporciona esa suerte de legitimidad histórica. La Federación Francesa de la Costura se creó en 1973, cito literalmente, “con el objeto de apoyar a París en su rol de capital internacional de la creación”[13].

Sin embargo, esta obstinación por hacernos creer que París es la “capital internacional de la creación”, comprensible en términos de política nacional, implícitamente minusvalora a los creadores de otras nacionalidades. Sin duda, los jóvenes diseñadores invitados a desfilar en la Semana de la Alta Costura se sienten halagados, un poco como el actor que llega a Hollywood, pero no parece que sean tratados como auténticos colegas sino como comprimarios, de ahí que antes los haya calificado de teloneros. El beneficio se reparte –los sindicados porque pueden montar un espectáculo con numerosos diseñadores, atractivo para los media, y los jóvenes por la publicidad que ganan–, pero la jerarquía se mantiene. ¿Por qué sino Valentino y Armani nunca han repetido la experiencia? Ya estaban consagrados como diseñadores y la pasarela de París no podía aportarles nada. ¿O es que Milán es menos que París? ¿Se sintieron utilizados? ¿Por qué habría de apoyar un italiano el marchamo París? Y, desde luego, éste es mucho más importante para Francia que el marchamo Haute Couture.

c. Obsolescencia. Los estilistas Béatrice Ferrant y Mario Lefranc, invitados a los desfiles de 2007, consideran que la Alta Costura es una institución obsoleta porque no tiene sentido coser a mano unas puntadas que no se ven[14]. Aunque yo no soy un especialista de la confección industrial, comprendo que las máquinas no pueden remplazar completamente a la fabricación manual. Lo que realmente critican estos diseñadores es la norma que exige a las empresas de Alta Costura coser a mano incluso aquello que las máquinas ya pueden hacer a las mil maravillas. Ciertamente, no tiene sentido.

¿Por qué se hace entonces? ¿Para que los humanos no olvidemos el oficio de coser? No puede ser la razón: ya hemos dicho que todo no pueden hacerlo las máquinas y por consiguiente no hay que temer el olvido de estos oficios. ¿No será que a las millonarias les gusta saber que su traje lo han cosido a mano? Quiero decir como narcisismo, como vanidad o lujo íntimo. Pero esto convierte a la plantilla de la Alta Costura en una extensión del servicio doméstico de las clientas. ¿Qué papel le corresponde entonces a la Alta Costura? ¿El de agasajar los sentimientos mezquinos del público?

Cuidado porque ésta es la razón más esgrimida por la Alta Costura para legitimarse: la pervivencia del savoir-faire francés, en palabras de Sydney Toledano: “Sin Ella se perdería un artesanado muy especializado que comprende peluqueros, plumeros, bordadores, encajeros, orfebres, sombrereros, etc.”[15] ¡Qué chovinismo en esta identificación de la Haute Couture con la única costura posible! ¿Puede afectar el cierre de la Cámara parisina a una bordadora madrileña o a una sombrerera londinense?

d. Intrascendencia estilística. En la actualidad la Alta Costura no hace diseño de vanguardia (no genera imitación indumentaria, no hace moda) ni prototipos de elegancia, sino espectáculo vestimentario. No conozco a nadie que ame el diseño y encuentre palabras de sincero elogio para las creaciones de la Alta Costura de los últimos veinticinco años. Hoy obtienen más admiración Kawakubo, Miyake, Prada o Demeleumester, y ninguno de ellos hace Alta Costura. Salvando excepciones lógicas, la última costura parisina se ha limitado a repetir lo que ya se había hecho en décadas anteriores, o se ha apuntado al historicismo postmoderno (Gaultier, Galliano, Lacroix) que convierte a la moda en disfraz subrayando su trivialidad y su necedad. De vez en cuando también a mí me divierten los desfiles de estos diseñadores que se mofan abiertamente del vestir, que tampoco es bueno tomárselo demasiado en serio. Pero ¿no les agota a ustedes que los archi-premiados genios de la Alta Costura se cachondeen de la moda las veinticuatro horas del día?

Quizás tratando de resultar joven (atributo que traducido a lenguaje popular significa colorida y ecléctica, como la ropa de los adolescentes) la Alta Costura de Galliano se muestra aparatosamente ecléctica y barroca; pero no virtuosa como una arquitectura de Borromini, ni hermética e ingeniosa como un poema de Góngora. ¿Son admirados hoy en día los arquitectos historicistas? No. ¿Por qué se admira entonces a un diseñador de moda que lo sea? ¿Cómo se puede admirar al mismo tiempo a Galliano y a Balenciaga? Dicho de otro modo, la Alta Costura y la Alta Cultura no van ya de la mano como lo hacían en los años cincuenta y sesenta. Y para colmo, la Alta Costura ya ni siquiera crea moda. Bernard Girard me da la razón en esta cita:
“Los diseñadores de la confección, la gente que diseña la ropa que vende Nike, Gap o Zara, son los que hacen la moda, no Christian Lacroix o Lagerfeld. La mejor prueba la tenemos que en esos diseñadores explican que buscan su inspiración en la calle. Pero no es allí donde Chanel encontró su tailleur ni Saint-Laurent su esmoquin femenino”[16].


4. Beneficiarios de la Alta Costura

La economía francesa es la gran beneficiaria del aporte publicitario de la Alta Costura, sustento de toda una industria del lujo que abarca desde los cosméticos hasta el champán. Sin embargo, distinguiremos primero los beneficios que la Alta Costura ofrece a sus clientes.

a. Las clientas: exclusividad, calidad e inversión. Si la exclusividad es una ventaja o un bien deseable, la colocaremos en este grupo. Los vestidos lujosos dignifican a su portador. Un rey es un rey también porque viste como un rey. “Los hombres cuando se casan con jovencitas les compran Alta Costura para que parezcan damas”, dice Hebe Dorsey de Christian Dior[17]. El diseñador Christian Lacroix explica que en un mundo globalizado, hay mujeres que buscan los vestidos de Alta Costura como un signo de individualidad[18]. Además, los trajes de la Alta Costura son trajes a medida y lo son en todos los sentidos. El traje se elabora con criterios anatómicos ajustados al cuerpo de la cliente, pero también ajustados a sus criterios estéticos. Prácticamente todos los modelos son rediseñados por y para la cliente. Súmase a esto su valor de cambio. Cualquier millonaria puede justificarse la compra de Alta Costura como coleccionismo artístico y, además, ya son numerosos los países que admiten los trueques de impuestos por vestidos.

b. Las casas: ¿consagración? El marchamo Haute Couture deifica a la marca y la consagra gracias a su portentoso aparato publicitario... No debe ser para tanto cuando, como antes explicábamos, nadie solicita el marchamo aunque con la nueva normativa lo den regalado. El estilista Gustavo Lins subraya la visibilidad que le ha remunerado su participación en los desfiles de enero de 2007: “En los seis meses siguientes, nuestras ventas han aumentado un 70%”[19]. No nos dejemos engañar. Un 70% cuando se parte de cero no es mucho; es, simplemente, empezar. El presidente de la Federación, el ya citado Didier Grumbach, afirmaba en 2004: “Ralph Rucci no era nadie ni siquiera en su país hasta que fue invitado por la Cámara a desfilar en París con una colección de costura (...) La Alta Costura posee el poder de institucionalizar una marca y de volverla inmortal”[20]. ¿Lo cree realmente? ¿Pero quién es ese Rucci al que llama inmortal? ¿Alguien lo conoce?


5. Transfiguración de la Alta Costura: los súper-beneficiarios

Hoy en día las casas Haute Couture carecen de otro fundamento empresarial que el de sustentar la publicidad de sus licencias de marca. Más claro: las casas de Alta Costura siguen montando desfiles para que sus legendarios nombres no pierdan el valor de cambio que la historia les ha proporcionado. Para vender perfumes en navidad y en los aviones, y que la gente siga creyendo que la colonia es buena, glamurosa y distinguida porque el cartón reza “Yves Saint-Laurent”, hay que seguir cosiendo; la mística del nombre procede de la mística del creador original de la casa de costura. Pierre Cardin ha sido la casa paradigmática en este sentido: llegó a vender 800 licencias con el logo PC; se fabricaban desde yates hasta mecheros[21].

Los protagonistas de la Alta Costura no ocultan este hecho. Pierre Bergé, cerebro comercial de Yves Saint-Laurent, dice de la Alta Costura que “forma parte de nuestro presupuesto publicitario”[22]. Françoise Montenay, de Chanel, asevera que la Alta Costura es una imagen para la marca[23]. (Y eso que Chanel es una de las raras casas que reporta beneficios por su producción de costura.) Donald Potard, de Gaultier, insiste: “No hay que ser hipócritas, la Alta Costura nos sirve para vender colonias y lo demás”[24]. Pero la razón absoluta e insuperable de que esto es así la da de nuevo el presidente de la Federación, Didier Grumbach: “Una colección de Alta Costura cuesta infinitamente menos que una campaña de publicidad internacional, y su repercusión mediática es incomparable”[25]. Nadie se extrañe entonces de que Dior y Chanel monten desfiles cuya organización cuesta entre uno y cuatro millones de euros[26]: saben que se verán en todo el mundo y así se ahorran pagar anuncios televisivos. Jean-Pierre Debu, director general de Christian Lacroix considera a la Alta Costura “un formidable instrumento de marketing”[27].

En suma, la Alta Costura es la cabecera del aparato publicitario de esa industria que atiende al nombre de “mercado del lujo”. Según Merryl Lynch, éste se reparte entre Estados Unidos (25%), Japón (20%) y Francia (10%). Alemania, Italia, Reino Unido, Hong Kong y Medio Oriente suman un 4%. Los grupos del lujo más importantes son los siguientes:

1. LVMH (Louis Vuitton Moët Henessy), dirigido por Bernard Arnault y domiciliado en Francia. Además de las marcas de champán Moët y Veuve Clicquot, los relojes TAG Heuer y Chaumet, y los grandes almacenes de París Le Bon Marché y La Samaritaine, reúnen las siguientes firmas de moda: Givenchy, Louis Vuitton, Céline, Kenzo, Fendi, Emilio Pucci, Donna Karan, Marc Jacobs, Loewe, Thomas Pink, Berluti. Christian Dior es filial de este coloso financiero.

2. Richemont, grupo suizo especializado en joyas y relojes. Poseen también Chloe, Old England y Shangai Tang.

3. PFR, grupo francés dirigido por François-Henri Pinault. Le pertenecen Gucci, Yves Saint-Laurent, Balenciaga, Bottega Veneta, Alexander McQueen y Stella McCartney; asimismo la joyería Boucheron, los almacenes Printemps y la Fnac.

Chanel constituye la excepción que confirma la regla. No cotiza en bolsa y desde 1924 pertenece a la familia Wertheimer. Christian Lacroix y Emmanuel Ungaro fueron compradas por los grupos norteamericanos Falic y AIMZ, respectivamente.


6. Por qué se ha transfigurado la Alta Costura

Visto que muerta no está sino transfigurada, habrá que preguntarse cómo ha llegado la Alta Costura a desempeñar un rol tan bajo.

a. Diversidad del gasto lúdico. Cada vez gastamos menos en ropa, porque hay más en qué gastar. Bernard Girard explica que cada vez gastamos una proporción menor de nuestro sueldo en ropa porque la oferta de lujo y ocio se ha multiplicado hasta el infinito: “Por el precio de un vestido de Alta Costura, una mujer puede costearse un fin de semana en Nueva York yendo en Concorde y vestida elegantemente de Armani”[28].

b. El engorro de las pruebas. Sí, las pruebas: tiempo, paciencia y más dinero. Un vestido de noche precisa hasta dieciséis pruebas y tendrás que ir a París a que te las hagan, salvo que seas una clienta verdaderamente descomunal y les salga rentable enviarte una vendeuse a tu propia ciudad. Añade gastos de desplazamiento y hoteles. ¡Y te privas del placer de la compra inmediata!

c. La cultura democrática. Creo firmemente lo siguiente, aunque me tachen de ingenuo: la mujer ha dejado de vestir Alta Costura porque se ha consolidado la democracia, y una democracia bien asumida tiende a generar una cierta repugnancia hacia lo aristocrático. Los signos aristocráticos, los signos de ostentación, además de considerarse vulgares, se perciben como la presunción de una injusticia. Ya saben: siempre vamos a encontrar indigentes por la calle que con su mera presencia incomoden a la ostentación. El lujo descarnado de los grandes coches, las pieles o las plumas resulta sospechoso en una sociedad que fomenta la meritocracia. Mario Puzo encabezaba El Padrino con una cita célebre: “Detrás de cada gran fortuna, siempre hay un crimen”. Y la Historia de la Moda sabe que antiguamente incluso los burgueses más pudientes no vestían otra cosa que austeras ropas negras combinadas con límpidas e inmaculadas camisas blancas, a fin de proteger su solidez moral con símbolos de austeridad. La reina de España viste como una ejecutiva para comunicarnos que trabaja; incluso a las reinas se les exige comedimiento antes que ostentación.

d. La cultura juvenil. Los hippies, después los punk y el resto de tribus urbanas, desarrollaron su cultura material denunciando con precisión los signos aristocráticos y sustituyendo la ostentación por iconos humildes como las greñas y las camisetas. La moda juvenil ha sepultado la Alta Costura porque es difícil que una joven acostumbrada a vestir punto reciclado y vaqueros raídos llegue a asumir, cuando se vuelva adulta, la Alta Costura. No digamos ya la Alta Peletería, que ha sido la primera en caer.



REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Además de las referencias consignadas en las notas al final, merecen atención los siguientes artículos:
Brief History of the Haute Couture. Fashion Era: (fashion-era.com/chambre-sindycale.htm).
Alex George, Haute Couture is Dead, Get Beauty Tips, 2006: (http://www.getbeautytips.com/Articles/DeadCouture.php)
Sheila Grandio, La alta costura cada vez se vende menos, Telecinco, 2005: (http://www.informativos.telecinco.es/alta/costura/crisis/dn_8278.htm).
Ada Mercier, Défilés: la haute couture compte ses pertes. Linternaute, 2005: (http: liternaute.com/femmes/actu/04/0707).
Eva Munóz-Ledo, El prêt-a-porter, salvavidas de la alta costura. Milenio Diario, 2005: (http: francia.org.mx/moda/pretaporter.htm).
Danièle Oliveau, La alta costura salvada por el prêt-à-porter. L’Expansion, 2004: (lexpansion.com).

[1] Según la periodista Corinne Jeammet. Salvo que se indique lo contrario, todas las declaraciones que aparecen en el artículo proceden del reportaje de Jeammet, C. Haute Couture: une apellation réduite à 10 maisons. París: Culture et Loisirs, 2007. Comprende los siguientes artículos: Une haute couture renouvelée; Quel avenir pour la haute couture?; La haute couture a changé de positionnement (Entrevista a Didier Grumbach); La haute couture est un rêve honereux; Une clientele triée sur le volet; Des maisons et des groupes; Les maisons de couture en chiffres. Disponible en Internet: (http://cultureetloisirs.france2.fr/mode/defilesparisiens/103405-fr.php?page=1) a (http://cultureetloisirs.france2.fr/mode/defilesparisiens/103405-fr.php?page=9).
[2] Girard, B. L'industrie du luxe et la haute couture après le départ d'Yves Saint-Laurent, 2004. Disponible en Internet: (http://www.bernardgirard.com/BernardGirard/aligre/couture.html).
[3] Véase nota 1.
[4] Lipovetsky, G., El imperio de lo efímero, Barcelona: Anagrama, 1990.
[5] Jeammet,C., Entrevista a Didier Grumbach. Véase nota 1.
[6] Véase nota 1.
[7] Véase nota 2.
[8] En octubre de 2001 Christian Pierret, secretario de Estado y de Industria, aprobó las modificaciones al reglamento que regula la concesión del marchamo Haute Couture a petición de la Cámara Sindical de la Costura. Francia, Ministerio de Industria: (http://www.industrie.gouv.fr/cgi-bin/industrie/sommaire/comm/comm.cgi?COM_ID=784&_Action=200).
[9] Coleridge, N., La conspiración de la moda, Barcelona: Ediciones B, p. 214.
[10] Idem,p. 242.
[11] Según Corinne Jeammet. Véase nota 1.
[12] Véase nota 1.
[13] Las funciones de la Federación son desgranadas en la página web de Mode à Paris: (http://www.modeaparis.com/vf/toutsavoir/index.html).
[14] Véase nota 1.
[15] Véase nota 1.
[16] Véase nota 2.
[17] Coleridge, ob. cit., p.220.
[18] Véase nota 1.
[19] Véase nota 1.
[20] Véase nota 1.
[21] Didier Grumbach afirma que desde los años 90 las empresas de Alta Costura tienden a recomprar sus licencias para explotarlas por sí mismas (Véase nota 1).
[22] Coleridge, ob. cit., 213.
[23] Karl Lagerfeld, diseñador de Chanel, defiende su costura porque poseen una verdadera clientela. Incluso tuvieron que abrir un nuevo taller en 2003. La sección Alta Costura de Chanel emplea a 120 personas en sus talleres, a las que se añaden 50 en los desfiles.
[24] Véase nota 1.
[25] Véase nota 1.
[26] Grandaham, Sabine y Marcelin, Caroline, La haute couture en fin de défilé. Courrier International, 2005. Disponible en Internet: ( http: courrierinternational.com/article/.asp?obj).
[27] Véase nota 1.
[28] Véase nota 2.

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